Mi nombre es Jon Alexander Ríos, y si, soy un “SICARIO”
Nunca quise serlo, pero la vida me obligo; crecí con mi madre y mi hermana, en el vientre de un barrio, un barrio que para los habitantes del alto poblado no es mas que la misma perdición.
Pero no es así, o no del todo, porque de donde yo vengo también se goza y se vive, hay sentimiento por el perdido, el muerto y el recién nacido.
El primero fue por resentimiento, ese, intentó sobrepasarse con mi cucha y si hay algo que se respete dentro del barrio es la madre.
El segundo fue un encargo: me contactaron, me pagaron, lo rezaron y después de eso lo enterraron.
Hubo uno que me dolió, uno al que casi no le disparo, porque estaba con su hija y su mujer, al final toco matarlos a los tres.
Una fecha para nunca olvidar, el día del entierro de logotipo, el único y fiel amigo, el que conducía mientras yo disparaba, el que escapaba mientras yo mataba. El que lloraba cada muerto que yo asesinaba.
Aunque no todo en mi vida son muertos y balas, también están mi mujer, mi hija y mi virgencita, tres mujeres fieles y leales a mí, al del sentimiento violento.
Que si quiero cambiar, eso ya no se puede, ya no se puede desenterrar a las decenas de muertos, recoger las miles de lágrimas y devolver los millones de sentimientos.
A veces quisiera escapar de esta cárcel, la que me oprime, la que me presiona y la que me hace morir lentamente. Pero en ocasiones pienso que seria mejor seguir aquí, en la cárcel que me contiene y me acoge, la que evita que salga a contar mas muertos.

